Dentro de mis ideales, asumo a los derechos humanos en una posición central desde el momento en que creo que el valor más importante es la dignidad humana (la base de los DDHH).
Con todo, tengo una mirada crítica a cómo la noción de dignidad humana ha sido asumida incluso en el marco de los DDHH contemporáneos.
En primer lugar, sostengo que la dignidad humana está sumida en el medio ambiente humano.
En segundo lugar -y ligado a lo anterior-, que la dignidad humana está por encima de cualquier prerrogativa colectiva, inclusive de las funciones y atribuciones de los estados.
El primer punto confronta la idea que el ser humano es una suerte de "ser supremo" que puede desvincularse de la naturaleza y/o someterla.
El segundo punto confronta la idea que la dignidad humana está compartimentalizada dentro de los diferentes pueblos en los que estaría segmentado el planeta.
Ambos puntos se unen bajo el postulado que el individuo como ser indesligable de la naturaleza es el depositario por definición de derechos y deberes ante ella y ante sus semejantes.
A diferencia de otras entidades, el entorno natural humano es uno solo y es absoluto y concreto; asimismo, el individuo humano es absoluto y concreto también. Los pueblos son contingentes, cambiantes según circunstancias históricas y sociales, y sus fronteras nunca están (ni pueden estarlo) plenamente definidas. Los pueblos se interconectan y se yuxtaponen.
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