Un fin de semana aburrido he pasado, muy a tono con estos meses grises en los que la depresión me viene ganando la batalla.
¿Nunca les ha sucedido que prefieren estar dormidos que despiertos? ¿y que al abrir los ojos lo primero que sientan es una inmensa desazón?. Bueno, pues eso me sucede a mí en esta etapa.
Ciertamente no es la primera vez en mi vida que atravieso por un circunstancia así, pero nunca la había experimentado con tanta soledad.
Entonces recurro a mi antigua prédica y me digo a mí lo mismo que aconsejo a otras personas (es irónico que haya gente que busque mi consejería): que haga algo por el mundo, que hay muchas causas justas y necesarias, que puedo ayudar -aunque sea un poco- a una parte o a toda la humanidad.
Llegado a este punto, me siento un poco aliviado dado que algunas cosas puedo hacer, sin embargo sé bien que una frontera tengo y es esta careta de "ser normal" (digamos que un poco excéntrico pero "normal" al fin y al cabo).
Esta careta me limita en la autenticidad que tanto necesito para desarrollar mi personalidad y ser un mejor individuo en un amplio sentido de la palabra.
Ya va llegando pues la hora que dé el paso valiente de arrancarme la máscara y mostrarme tal cual soy.
Creo que ello contribuiría también a sentirme menos oscuro, más liberado y ojalá más comprendido y acompañado.
¿O no?.
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