domingo, 12 de febrero de 2012

Corazón frío, cabeza caliente.

Releo el post del 9 de Febrero y me quedo en las mismas: estancado.

Creo que estoy atravesando una crisis creativa.

Quería hablar del tema de los derechos humanos y los desórdenes mentales, pero aunque tengo ideas dándome vueltas por la cabeza no me sale nada a la hora de sentarme a escribir.

Aprovecharé entonces para hablar de un tema personal. Sucede que desde hace cinco años veo descender mi apetito sexual, eso se debe seguramente a las pastillas neurológicas y psiquiátricas que tomo para mantenerme estable.

El lado bueno es que efectivamente, más estable estoy e incluso puedo decir que más tranquilo. Tranquilo en general y en particular con las mujeres.

El problema es que las pastillas consiguen aminorar el hambre de sexo, pero no el hambre de amor. Y sucede que debido a mi menor líbido me estoy quedando solo en lo que se refiere a relaciones de pareja (amigos y amigas tengo felizmente).

Claro, se me dirá que puedo aún así enamorarme, buscar pareja y todo eso. Pero sucede que con una líbido baja ello es muy dificil, porque lo sexual y lo afectivo van muy ligados. Bueno, por lo menos a mi edad creo que es así (tengo 37 años).

Mi hambre de amor se va tornando platónico, por así decirlo. Me explico: anhelo la sensación de querer y ser querido pero de un modo genérico. Dicho de otra forma, hace años que no me enamoro de nadie.

Para ser más específico, reconozco que el último enamoramiento que tuve fue en el verano de 2007: ¡Hace cinco años!.

Ahora es que siento solidaridad para con todas aquellas personas que por algún motivo u otro tengan obstáculos en el acceso al goce carnal y muy especialmente para quienes ello les represente impedimentos en el plano afectivo.

Cabeza caliente tengo, con mil ideas dándome vueltas y motivado -aunque enredado- a producir. Al mismo tiempo mi corazón frío, frío, se siente.

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