Se me iba la vida.
Qué absurdo era entonces pensar si valió la pena vivir, si hice eso bien, si hice esto mal... en ese instante, condenado a muerte, inmovilizado, a punto de ser ejecutado. Sin marcha atrás.
Sentía mi piel, miraba todo a mi alrededor, olía todo aroma que podía oler, saboreaba incluso los recuerdos que pasaban por mi cabeza: los escuchaba, los visualizaba, los palpaba.
La Vida era aquello que había vivido y punto. La Explicación era simple, innecesaria e inevitable
Objetivo de esta reflexión: Recordar siempre aquél o3 de Abril. Remembrarlo cada vez que me aprobleme bien sea por alguna tontera o bien sea por algo importante, pero fuera de mis capacidades su resolución
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario